Recuerdos, aún se sienten

Publicado: julio 15, 2013 de camiventa en Estilo libre

Tenía tan sólo la mitad de años que hoy me acompañan. Me levantaba temprano, siempre con el desayuno listo. Medialunas de por medio, iba mentalizando lo que me esperaría unas horas más tarde. No ajeno, mi hermano hacía lo propio de la mano de mi mamá, la gran fuente de apoyo de nuestras vidas.

Con gran entusiasmo, preparaba el bolso con todo lo necesario para practicar el deporte más lindo, como lo es, el fútbol. El frío no quería ser menos. No nos dejaba caminando solos por la vereda aquellas mañanas. A paso ligero, escuchábamos los alientos, los gritos y la delicadeza de los insultos que conllevan un clima tan característico.

Ingresamos teniendo la punta de nuestras narices y dedos congelados. Lejos de entrar al vestuario, permanecía unos minutos más junto a mi familia; esas personas con las cuales das tus primeros pasos y sabés perfectamente que jamás te van a abandonar, pase lo que pase.

“Ya era hora”, con solamente pensar en esa frase que una y otra vez, me abrumaba una sensación de nerviosismo. Debía confiar en mis habilidades. Quería que mi familia se sintiera orgullosa de mi desempeño. Ahora sí, me encaminaba hacia el vestuario nunca olvidando la frase. Me calcé los botines, soquetes –mucho más cómodos que las medias- y la indumentaria. Sin embargo, me estaba pasando por alto mi mayor necesidad, los guantes.

El partido fue bastante parejo y por suerte, la victoria quedó en casa. Recibí las felicitaciones, quizás inmerecidas de mi entrenador y mis compañeros. Eso provocó en mí un sentimiento de seguridad incomparable, que llegó a su pico más alto en el momento que mi mamá me regaló un alfajor producto de mi desempeño. Todo había salido excelente, no me podía quejar.

Cerca del mediodía, llegamos a nuestro hogar en el cual nos esperaba nuestra mascota. A Rocco no le importaba si estuviste fuera de casa por cinco minutos o diez días, él te recibiría de la misma alegría. Son las cosas tan lindas que disfrutamos día a día tan cotidianamente, que a veces nos las pasamos por alto por estar acostumbrados o simplemente, porque tuvimos un mal día.

Vi por allí, vagamente un libro cuyo protagonista principal era Sherlock Holmes y su infaltable amigo, el Dr. Watson. Leerlos en sus historias es revivir cada detalle que nos genera. Tiempo después, se convertirían en mi literatura preferida, siempre me ha dado curiosidad la criminología y sus métodos para llevar a cabo investigaciones. Recomiendo de sobremanera a los lectores que estén en duda sobre qué leer a estos personajes entrañables.

Vencido por el cansancio y satisfacción de ese partido, me acosté a dormir la siesta en el sofá junto a la estufa. Es todo lo que pude recordar…

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