Todo pasa

Publicado: septiembre 1, 2013 de razoredge024 en Estilo libre

No. No había forma de hacerme entrar en razón. De ninguna manera me gustaba ir a entrenar, fuera a la mañana o a la tarde. Mis cualidades eran excelentes, según anteriores entrenadores y mis propios amigos, pero me resultaba tedioso concurrir a diario.

Cierta mañana de abril, me levanté en mi dormitorio con una sensación un tanto peculiar. Echaba de menos aquellos mano a mano, esas tapadas para la foto. En otras palabras, tenía ganas de jugar al fútbol de nuevo. Sin embargo, poder hacerlo sólo cuando tuviera las ganas y energías necesarias para hacerlo, cosa que no podría pedir jugando para un determinado club como lo hice anteriores años.

-“Negro, tengo ganas de volver a jugar”- le dije a Lucas, después de mi larga inactividad.

-“Hoy jugamos a las 18.00 hs. en la cancha de las vías, te esperamos”- me contestó con esa voz tan masculina en él.

Sin más para hablar, fui en busca de mi bolso. El hecho que no lo lavara a diario me conllevaba problemas con mis familiares. Para ellos, tenía suciedad en abundancia; para mí, tenía historia. Limpié los botines, sacudí los guantes, agarré el short, tomé la camiseta de Angola (en otra historia contaré cómo llegó a mi poder) y los soquetes.

Pasé por la plazoleta donde se juntaban a brindar historias de vida los muchachos de los Fiat 600. Por favor… ¡Cuánta indignación! Que uno se recorrió todo el país, que el otro se fue de vacaciones a Río de Janeiro. Resultaba gracioso lo heroico que le ponían a sus narraciones. Traspasé el cruce ferroviario y al fin, llegué.

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-“¡Parala de pecho, marciano!”- le gritaron a Benjamín y su siempre miedo a la pelota.

Me sentía como en casa, de vuelta a las viejas anécdotas con mi grupo de amistades favorito. Me paré bajo los tres palos y empezamos a jugar. No iban por los cinco minutos de juego y Juan ya me dejaba fosilizados sus tapones en mi pierna. A mitad de partido, nos detuvimos a tomar agua de la canilla de doña Adelfa, siempre su marido Reinaldo nos miraba con una cara que no nos deseaba lo mejor, no había duda alguna sobre ello.

Al volver, nos encontramos con que la pelota estaba media pinchada y se nos dificultó continuar jugando. De todos modos, seguimos adelante. Sobre el final, barrieron groseramente a Huguito y penal para el equipo contrario. Momento tenso se vivió entre amigo de Benjamín y yo. Pateó y justo adiviné el palo y pude sacar la pelota. Con ese tiro, ganamos el partido y todos los chicos me vinieron a abrazar. La verdad, es que una sensación más linda que esa no se podía pedir.

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¿Por qué dejar de hacer algo cuando uno tiene las habilidades para destacarse? En mi caso fue por cansancio de la rutina, pero al día de hoy me arrepiento. Mañana, no sé si tendré mis dos manos para seguir evitando los goles. Será mejor que me ponga en campaña para disfrutarlo hoy que puedo hacerlo.

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