Las apariencias siempre serán apariencias

Publicado: septiembre 9, 2013 de razoredge024 en Estilo libre

Fue una tarde de marzo, según recuerdo. Hacía un calor por la mañana casi admirable y me encontraba con bermuda, muy cómodo sobre el sofá que yacía de espaldas a la puerta. No me gustaba para nada hacer actividad física, eso conllevó que tuviese problemas de obesidad que años más tarde, lo mejoraría y ¡de qué manera! Lógicamente, digo esto apoyándome en comentarios de terceros. Ni dudarlo.

-“¿Cuándo te vas a dignar a hacer algún deporte, querido?”- Escuché desde el ático de mi hogar.

Mi progenitora estaba fastidiosa de mi pereza y no se guardaba nada, como era costumbre. En parte tenía mucha razón, estaba en la computadora y video juegos. Pero de algo no se podía quejar, me iba realmente bien en el colegio. Punto para mí.

Entre insistencias y vaivenes, me vi aludido por la situación y opté por decidirme a practicar algún deporte.
-“Tenis, ni lo dudes Ale”- me sugirió “pandereta” Bianchi, así era como le decíamos. Un físico con el cual cualquier señorita se le haría agua la boca.
-“Los machos juegan al fútbol”- textuales palabras de Tincho.

Me mantuve en estado dubitativo unos cuantos días hasta que arribé a una conclusión. El deporte que quería practicar era salto con garrocha. ¡Chascarrillo! No se asusten, por favor. Ningún deporte tiene más pasión que el fútbol, así que a él dirigí mi rumbo.

Club Social y Deportivo era el nombre de mi primer equipo. Más que un equipo, un establecimiento donde también practicaban karate, tenis con paleta, atletismo, entre otros. Siempre en compañía de mi madre, hicimos los trámites correspondientes para anotarme y abonamos la primera cuota más el carnet. Estaba listo.

Entré y todas las futuras promesas me saludaron muy calurosamente, incluso el entrenador (hombre caucásico de unos treinta años con aspecto de militar).

Debido a mis condiciones de sobrepeso y por ser nuevo, me eligieron cerca de las últimas posiciones y me tocó el equipo de los más madera. Fui jugando posición por posición hasta que encontré la mía… arquero. Sí, como lo mencioné en otras redacciones, defender el arco es mi tarea en el fútbol.

Rápidamente, todos empezaron a notar que era muy bueno. Volaba sin temor a caerme mal, no le tenía miedo a la pelota, me iba bien en los mano a mano. En síntesis, estaba jugando muy bien para una posición que a poca gente le agrada porque seamos sinceros, cuando a alguien le dicen “juego al fútbol” lo que menos se piensa es que ataja, sino que es jugador de campo, convierte goles, etc. A todo esto, estaba cotizando mejor y seguía jugando con el equipo madera.

Fue así como un día de mayo, le tocó elegir a tres capitanes. Dos pertenecían a equipos con alto nivel futbolístico y el otro, era “mi” capitán porque no era tan bueno. Cuestión, que se disputan mi pase entre los dos jugadores buenos hasta que interviene el entrenador:
– “¿Por qué pelean ustedes?”- les dice.
-“Quiero que Alejandro ataje para mi equipo”- dijo el más competitivo de ellos.
-“Yo quiero que juegue para mí, no se discute más”- prosiguió el nieto del dueño del club.

El entrenador, excedido por la conversación entre ellos, me mira y me pregunta:
-“¿En cuál de estos dos equipos querés jugar, Ale?”

Sin pensarlo dos veces, le contesté:
-“En el tercero; quiero atajar en mi equipo. A pesar de no conocerme y dejarme de lado por mi obesidad, ellos me eligieron desde el primer momento. Si hoy en día soy bueno, es gracias a ellos. De este equipo no me muevo”.

Todos los muchachos se quedaron atónitos con mi respuesta, incluso el DT. Los de madera, de ahora en más mi equipo, me abrazaron y felicitaron por no abandonarlos. Años más tarde, llegaríamos a un gran nivel y hasta incluso, ganaríamos un torneo entre barrios.

Muchas veces nos dejamos llevar por la tentación de querer ser alguien más y nos juntamos con gente equivocada. Nunca debemos olvidarnos de nuestros inicios y de quiénes nos aceptaron sin conocernos. En mi caso, se quisieron aprovechar de mi talento aquellos que me dieron la espalda en un principio. Por eso, no hubo nada más lindo que jugar seguido con los no tan habilidosos, pero sí incondicionales.

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