Mi amigo, Nicolás

Publicado: septiembre 23, 2013 de razoredge024 en Estilo libre

Si hay algo que he aprendido en esta vida, es que el deporte es mucho más que lo que su nombre nos refiere. Tales, además de hacer algún tipo de actividad física, sirven para la interacción humana y abrir puertas laborales. Yo me pregunto quién no conoció a un amigo en un partido de fútbol, quién no se ha visto a lo lejos con una señorita ubicada en el palco, quién no se relacionó con personas de sus características.

Cierta ocasión volvía del colegio con destino a mi hogar. Cuando estaba a no más de cien metros, suena mi teléfono celular y como era de esperarse, el facha me buscaba para un partido.

Fue en vano toda explicación o expresión dubitativa de mi parte. El facha es un chico de aquellos que no aceptan un “no” por respuesta, aplíquese para ámbitos deportivos y fiesteros (sí, seamos sinceros). Cuando le dije “Esperame en la plaza del Cristo” me dijo entre carcajadas “¡Grande Ale!”. Carismático y mejor persona.

A todo esto, llegué a casa y me preparé unas milanesas para ir con todas las energías a jugar ese partido. Nunca quiero pasar por alto la compañía incondicional de mi mascota, ese mejor amigo versión animal que te acompaña hasta a colgar la ropa. Partí. Soy de esas personas que les gusta ir pensando durante todo el viaje sobre lo que me esté inquietando en ese momento. Esta vez, fui a pie a la plaza a quince cuadras aproximadamente.

Aburguesado contra un árbol, me desplomé a esperarlo al facha. A lo lejos, lo veo. Cruzamos unas palabras y enfilamos para las canchas de San Paolo.

”Nunca me comentaste contra quiénes jugamos, facha” ya en el predio. “Un amigo del barrio, Nicolás se llama y su equipo, juegan lindo”. Entusiasmado por enfrentarlos, me cambié (por cábala) dentro de la cancha y comenzamos a calentar con el resto del equipo.

A todo esto, llegaron los contrarios con el arquero a la cabeza, Nicolás. Palabras van, palabras vienen y jugamos. El partido se centró mucho en nosotros los guardametas, ya que al ser relativamente buenos en nuestra tarea, hacíamos que el encuentro esté muy igualado, por lo que un gol podría ser la diferencia. Finalmente, perdimos por dos goles y los contrarios se llevaron una linda victoria a su barrio.

-“¿Te gusta mucho defender el arco? Atajás muy bien” le decía a Nicolás en el vestuario. Contestó que le gustaba mucho y me quería incluir a toda costa consejos en la conversación. Quedamos en agregarnos a una red social y continuar la charla tan amena por dicho medio. Nuestras conversaciones siempre dejaban algún condimento especial. Platicábamos sobre cualquier tema y es más, me confiaba sus problemas amorosos con su novia y lo asesoraba, como podía desde ya.

Poco a poco y con el tiempo, fuimos agarrando confianza uno al otro teniendo una relación de amistad muy buena. A todo esto, seguíamos viéndonos para jugar a la pelota, compartir una gaseosa, entre otras actividades. A partir de acá, se me torna dificultoso continuar el relato sin tener una lágrima en los ojos.

Nuestro último partido juntos fue en junio del año pasado, curiosamente en el mismo lugar en que lo había conocido. Jamás pensé que algo así podría llegar a suceder. Sin embargo, aún quedan en mí sus últimas palabras:

-“¡Algún día quiero ser como vos, Oliver jaja!”. Para los que recién arrancan con mis redacciones, Oliver es un apodo que me frecuentan decir mis amigos de fútbol por mi posición.

Me encantaría seguir contando las anécdotas para revolear al techo que hubiéramos tenido. No obstante, la realidad es otra. Nicolás Castillo fue víctima de la inseguridad que acosa a Argentina. Lo asesinaron un domingo por la tarde en el centro de la ciudad de donde vivo. Me enteré ese mismo día a la noche, antes de salir a bailar con mi grupo de pares. Invadido por un estado de depresión y ansiedad no fui a ningún lado y me quedé en casa con mi familia entre sollozos desconsolados.

Mi afán por ganar un campeonato de fútbol y dedicárselo fue tal que me anoté hasta en bádminton. Hasta que con mi equipo “Los Morosos” nos impusimos en un departamento cercano a nuestras viviendas. El día del triunfo en la final fue inevitable ese desahogo de felicidad transformado en lágrimas y mirar al cielo diciendo “Para vos, Nico”. Mi objetivo se había cumplido, luego de mucho esmero todo para él.

Entiendo a las personas que ven al fútbol como cinco locos corriendo atrás de una pelota, pero sepan que no lo comparto ni en lo más mínimo. El fútbol me abrió las puertas no sólo de hacer algo que me gusta, sino de conocer amigos en mi vida como lo sigue siendo al día de hoy, Nico. Ojalá que en paz descanses desde donde nos estés mirando y sabé que siempre te tendré presente.

Sé que muchos de ustedes en este momento estarán emocionalmente atónicos, créanme que yo estoy igual. Para finalizar este pequeño homenaje, les dejo una foto de no muy buena calidad con mi amigo, Nicolás.

 photo razor-edge_zps3752ada9.png

comentarios
  1. mariana dice:

    preciosas palabras,lo describìs re bien,jamàs lo olvidaremos,su forma de ser y su corazòn estàn acà ,entre nosotros,,,,,,,los que te amamos Nico,por siempre

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