Quizás sea un partido diferente

Publicado: octubre 11, 2013 de razoredge024 en Estilo libre

– “¿Podés atajar hoy a las 19:00 en las canchas de San Paolo, Ale?”-me dijo Agustín.

– “Sí, por supuesto. Contá conmigo.” – le respondí a lo dicho.

Agus es el hermano de una chica con la que he compartido innumerables andanzas, del estilo que se imaginen. A ella, Florencia, la veo seguido aunque no con las mismas intenciones que hace un tiempo atrás. Volviendo a la historia, acepté jugar el encuentro sin tapujos desconociendo el porvenir. El padre de Agus también disputaría el encuentro. Hombre al estilo capitalista salvaje, circunspecto y de voz grave.

Para mi salvación de no ir caminando hasta el lugar, pasaron a buscarme por la puerta de mi casa y de ahí, partimos todos. Como siempre, les expuse unas palabras de agradecimiento por tal motivo.

Llegamos y sinceramente, esperaba una concurrencia más… “juvenil”, si se quiere. Me sorprendí al ver la cantidad de veteranos con los que iba a compartir sesenta minutos de pasión en estado puro. El partido fue tan sutil que hasta ni ganas de tirarme para tapar me generaban, muy correcto, con pases equivocados. Definitivamente no era un partido para mí. No recuerdo el resultado exacto, pero sé que evité en el arco que defendía unos cuantos goles sin hacer mucho esfuerzo.

Al fin terminamos. No obstante, la semana siguiente volvieron a jugar y accedí más bien por inercia, ya que no tenía el mínimo interés de volver a jugar un encuentro de ese estilo. Soy de esos muchachos que si alquilan una cancha, es para todo o nada. Si quiero jugar sin importancia, lo dejo para mi casa con mis ex compañeros de escuela, uno más madera que el otro.

Con mi mejor rostro, revivimos lo hecho la semana pretérita. Pero esta ocasión tendrá algo especial que no tuvo su antecesora.

Al concluir el susodicho, el hombre con aspecto militar (sí, el padre de Agustín) me propuso trabajo. Resulta que con los veteranos que compartí fútbol, trabajaban todos y cada uno de ellos para su empresa de grifería y caños. A todo esto, de más está decir que no estaba al tanto.

Tenía en mis manos una propuesta de trabajo (sin buscarla) que no podía desperdiciar. Habiendo terminado el colegio secundario y luego de fracaso por ingresar a una universidad, nada me ataba al “no”. Sin darme por aludido totalmente, le respondí que me gustaría sentarme a charlarlo bien, tenía que consultarlo con mi familia. Lo cierto es que me junté con él y pudimos coordinar mi ingreso a su emprendimiento.

Salvando el uso de persona que hicieron conmigo, sumado a que me habían buscado para cubrir un hueco momentáneo, fue una experiencia muy linda. Conocí a los muchachos del depósito, quienes me enseñaron infinidad de herramientas con las cuales me sentía un ignorante.

Al día de hoy, puedo decir más que orgulloso que sigo compartiendo fútbol con ellos y ha quedado una muy significativa amistad.

Muchas veces dejamos pasar situaciones que por más tontas que parezcan, al final terminan siendo una carta más que importante en nuestras vidas. No hay que menospreciar situaciones porque al fin y al cabo, no se sabe qué nos depararán. Y de más está decir que las apariencias engañan, como he mencionado en otro artículo.

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