El diamante de la familia

Publicado: enero 27, 2014 de razoredge024 en Estilo libre

Así, es como decidí llamar a esta peculiar situación que me pasó hace una semana sin ir más lejos.
Dámaris, una chica en plena etapa adolescente de dieciséis años, siempre se manifestó interesada por mis ideales. La escuela fue el medio en que me conoció y sus amigos, los que me hicieron llegar esto que afirmo. Unos diecinueve años me acompañan y, también, una sensación bastante extraña. Dialogamos por primera vez a la salida de mi casa. Ella, junto con sus amigas, tenían la costumbre de venir a almorzar, al mejor estilo pic-nic, a la vereda.
– “¿Cómo andan, chicas?” – les pregunté sin asombro.
– “Bien, bien. Tenemos alquilada esta parte de tu casa, jajaja.”- dijo Dama.
– “Lo sé, gracias por la confirmación.” –respondí animadamente.

Luego de ello, continué mi camino hacia la escuela. Se ve que alguna de las amigas consiguió mi número de celular, ya que a las pocas horas, me llega un mensaje de la chica en cuestión. Palabras van, palabras vienen, nos fuimos conociendo. Para sorpresa mía, era un acontecimiento atípico. Jamás se me cruzó por la cabeza querer conocer a alguien tres años menor. Diciendo así, quizás, no suene tan terrible, pero cuando esos años se encuentran en la adolescencia, pueden marcar una diferencia abismal.

Llegando a fin de año, el asunto se puso interesante cuando me pidió que sea su profesor particular de matemática. Sí, así como leen. La chiquilla se enteró que daba clases de apoyo hasta a mis propios compañeros y pretendía verme, indirectamente. Le respondí afirmativamente y coordinamos. Para ese momento, pasábamos por unas charlas bastante amistosas, sobretodo de trasnoches un poco más desinhibidos. Me contaba sus cosas íntimas, también hacía lo propio aunque un poco más reservado, fiel a mi estilo. Hasta que se le dio. Arreglamos un día que podamos ambos, yo por mi trabajo y ella por sus cuestiones, y se vino para casa a estudiar. La recibí como a todos, con un gran abrazo y la invité a pasar.

Su rostro intentaba disimular de cualquier forma su estado de ruborización. No obstante, era inminente. Cada tema que le iba explicando ponía alguna frase para que se ría, ¡y vaya si lo conseguía! Al terminar, tenía que escoltarla hasta la comisaría primera de Paso del Rey, lugar donde resido. Según me informó, hubo inconvenientes en su familia. Caminamos y nos reíamos, todo parecía muy lindo. Hasta que por fin, llegamos allí. No la dejé sola y adentro declarando, estaba su hermana. Todo lo que intente narrar en los siguientes párrafos sería totalmente en vano. Una mujer con todas las letras, unos meses más grande que yo, pestañas naturales para envidiar, morocha discreta. Sin palabras, así me quedé al verla, atónito. La saludé al voleo para no levantar sospechas, pero la mujer que vi, no tiene comparación.

Yoana era su nombre, y quedé profundamente cautivado por ella. Situación difícil si las hay que, lógicamente, el tiempo verá qué hacer con ellas. Por lo pronto todo sigue igual, aunque llevo la ventaja que la madre de ambas me aprecia, me ve como un posible yerno. Sólo restará saber de quién.

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