Solamente una decisión

Publicado: febrero 27, 2014 de razoredge024 en Estilo libre

¿Nunca se pusieron a pensar qué hubiera sido de su día, semana o mes si modificaban alguna decisión? Ya en otra oportunidad he escrito sobre las decisiones. Esta vez, vuelvo a hacer énfasis en ellas. ¿Cómo puede ser que algo tan cotidiano, tan familiarizado con nosotros nos pueda cambiar de allí en más? Con este panorama, me propuse a escribir esta historia.

En el día de ayer y ya en la facultad estudiando ingeniería, salimos a comer afuera con unos compañeros de curso. Éramos, en total, cinco. Cada uno de nosotros cumplía una función importante en esta escapada extracurricular, si se quiere. Además, es preciso que sepan que el objetivo del mismo no era más que ayudarme en una cuestión amorosa. Todo lo planeamos con Belén; tanto ella como yo, nos veíamos beneficiados por la causa. Yo estaba flechado desde el segundo día de facultad, que fue cuando ella hizo su inicio en la susodicha. Tiene los ojos perfectos, un pelo hermoso y, sobretodo, un carisma admirable. Sólo aquella amiga podía aguantarme en mi semejante estado.

“El Colo” era el objetivo de Belu. Un chico alto, de voz gruesa y de convicciones extremadamente fuertes. Duro cual piedra de mar, se sumó a nuestra juntada, junto con la doncella que me quita el sueño y otro amigo que se está por recibir de profesor de tenis.
Salimos de la facultad. Caminamos hasta el centro de Moreno. En el camino, me aparté para platicar con Camila. Nos íbamos conociendo y a medida que pasaban los temas, me hipnotizaba cada vez un poco más.

Llegamos al lugar por excelencia de comidas rápidas para citas, o bien, juntadas. Todo salió excelente, la invité en lo que consumimos. Mantuvimos una charla entre los cinco muy amenuda y llevadera. Hablamos sobre películas, romances anteriores, intimidades, anécdotas. Adivinen… está sola. Mi investigación previa resultó ser un éxito. Lo curioso a todo esto, es que una chica tan preciosa como lo es Cami esté en soltería. Ojalá pueda romper esto que menciono en mis futuras entregas. Como broche de oro, la acompañé hasta la parada de colectivos. Esperé hasta que se suba y me dirigí rapidísimo a mi casa, para llegar e irme a jugar a la pelota.

Tomé el colectivo justo cuando estaba saliendo y, al principio, el chofer se rehusaba a abrirme la puerta. ¿Me habrá querido decir algo? Lo cierto es que gracias a ese colectivo llegué a horario y pude ir a patear un rato. Me pasaron a buscar con las motocicletas los muchachos y ya fuimos para las canchas.
Como era de esperarse, estaba motivado en grado superlativo. Esto se profundizó cuando Lautaro me dijo “Mirá que es por la Coca, Ale”. Cual niño en una juguetería, atajé todo lo que pude y nos ganamos lo que disputamos. Pelota tras pelota fui viendo mis cualidades y tapando lo que me tirasen. Mi felicidad había llegado a un punto que me resultaba extraño, ya que siempre suelo ir por la vida serio y equilibrado, aunque haga reír de sobremanera a quienes me rodeen. Tomando lo ganado de por medio, planeamos el próximo partido para jugarles la revancha al equipo contrario. Todo estaba saliendo diez puntos en un día magnífico.
No obstante, mi razonamiento diario estaba en lo correcto. Siempre sostengo que la vida te busca un equilibrio, es prácticamente imposible estar muy feliz por mucho tiempo, o muy triste por el mismo período.

Al salir del predio, fuimos sorprendidos por un numeroso grupo de motochorros. No habrán sido menos de nueve sin exagerar. Armas de fuego, gritos y motos con pedido de captura fueron los condimentos ideales para que hayamos sido víctimas de la inseguridad que sigue acosando a Argentina. Todo esto pasó a las 17 hs (Arg.) en pleno día y, para colmo, con la patrulla policial a media cuadra.

Nos estaban esperando, esa fue nuestra conclusión porque dejamos las motocicletas con que abordamos afuera, en la calle. A mi amigo le secuestraron una de las motos, y a mí, me arrancaron la mochila de las manos. Una impotencia insostenible y de ira. Así, sin más, era nuestra situación actual.

Y ahora viene la reflexión final sobre este episodio. Punto aparte para “agradecer” que no pasara nada más, antes que nada. ¿Qué hubiese pasado si perdía el colectivo y no llegaba a horario?, ¿si los motochorros hubiesen ingresado al complejo deportivo? Todas estas preguntas me hago yo día a día pero con diferentes factores.

Lamentablemente, uno vive con estas cuestiones a diario. Quizás, si hubiese faltado seguiría con todas mis pertenencias; o tal vez, me las habrían robado en otra situación. No lo sé. Lo que sí puedo estar seguro sin temor a equivocarme es que cada decisión que tomemos, por más minúscula que sea, influirá en nuestras vidas, a corto o largo plazo; por más que sea una tontería lo que debatamos en nuestra mente.

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