El gol que más grité

Publicado: marzo 19, 2014 de nicolito909 en Fútbol de la vida real

Todos los goles son distintos. No es lo mismo anotar un gol cuando vas perdiendo 10-0, que anotar uno cuando el partido va 0-0 y es el último minuto. Esos pequeños detalles hacen que ese gol tenga una connotación diferente a todos los otros. Cada grito de gol, aunque el gol haya sido malo, es único, y sobretodo si se trata de una anotación que cambia la historia del partido y la historia que se vivirá después del mismo.

El gol que más vociferé, corresponde a un gol anotado por la Selección Chilena en el pasado mundial del 2010, el cual se realizó en Sudáfrica. La selección de Chile estaba empatando 0-0 frente a su similar de Suiza, y, Mark González, tras una jugada magnífica creada por nuestro talentoso mediocampista Jorge Valdivia, decretó el 1-0 mediante un cabezazo preciso que causó el grito de un país entero. Por innumerables razones, dicho gol me causó una euforia tremenda.

Yo en esa ocasión me encontraba en el colegio, y nos invitaron a verlo juntos dentro de un salón extenso, debido a que se trataba de una ocasión especial. Gritar un gol así junto a tanta gente a tu lado, se asimila mucho a la experiencia que se vive en un estadio de fútbol, por lo que ese componente también influyó en mi reacción. Aquel gol de Mark González sentenció el uno a cero definitivo, con el que Chile se posicionó temporalmente en la cima del grupo H.

Pese a ello, mi lista de goles gritados es innumerable. Recuerdo también con agrado, un gol algo más reciente, que ocurrió también en el año 2010. El equipo al que apoyo, Colo-Colo,  tuvo que disputar un partido frente a su clásico rival, la Universidad de Chile. Ese partido se jugó en el Estadio Nacional, en un domingo bajo una enérgica lluvia que caía sobre Santiago.

De todos modos, mi padre y yo hicimos el esfuerzo de ir en dirección al estadio. Tuvimos que llevar unos paraguas para evitar mojarnos, y llegamos hasta la entrada del sector que nos correspondía, tras un extenso camino desde mi casa hasta al estadio.

Ya en la entrada, los guardias del coliseo nos denegaron el acceso, debido a que, según una normativa FIFA (la cual no sé si aún existe), no se permitía ingresar con paraguas al recinto deportivo. Sin poder hacer nada, tuvimos que repetir el largo camino que nos trajo, pero ahora en dirección a nuestro hogar. Obviamente, guardé cierto rencor, debido a que estuve frente al estadio y aún así se me denegó el acceso. Luego de arribar a mi querida casa, no pudimos hacer nada más que presenciar el partido frente al televisor, intentando olvidar lo sucedido.

Luego de un duro partido, el partido ya había cumplido su tiempo reglamentario,  y se encontraba en el minuto noventa y tres.  Colo-Colo perdía 2-1 frente a su archirrival, y se asignó un saque de esquina, el cual iba a ser la última acción del partido. Ahí, tras un preciso centro, apareció el atacante argentino Javier Cámpora, y sentenció la igualdad final tras un eficaz cabezazo. Ese gol, sin duda, fue uno de los que más he gritado desde que soy un fanático del balompié, debido al rencor que guardaba desde antes del partido.

Efectivamente, el fútbol es un deporte que puede dar alegrías y tristezas, tanto como a los jugadores como al espectador. Pero, de todas formas, he de señalar que definitivamente este deporte me brinda más alegrías que desánimos. Independiente de las tristezas o euforias que me dé, nunca tendré temor a decir que amo el fútbol.

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